Monseñor Adolfo Tortolo: el paso por Junín y por la hoy parroquia San José de quien fuera Arzobispo de Paraná

Entre los sacerdotes que tuvieron a su cargo el cuidado pastoral de la primigenia capilla San José en el barrio "Pueblo Nuevo", consagrada luego como parroquia, figura monseñor Adolfo Servando Tortolo (foto) quien fuera designado en 1962 Arzobispo de Paraná y un auténtico evangelizador: sus cartas y mensajes pastorales, sus escritos y predicaciones, estuvieron siempre marcados por una doctrina clara, segura y orientadora. Tenía, además, una habilidad admirable para hacerse comprender por distintas clases de gente, adaptando a ellas el nivel de su predicación. Su celo apostólico le hizo recorrer varias veces el territorio de la Arquidiócesis.
En nuestra ciudad estuvo cuatro años, período en el cual, como se dijo, administró y trabajó pastoralmente en el barrio "Pueblo Nuevo" en la incipiente Capilla San José.

Su trayectoria

Monseñor Tortolo nació en la ciudad de 9 de Julio,  el 10 de noviembre de 1911.
Cursó sus estudios eclesiásticos en el recién fundado Seminario San José, de La Plata. Formó parte del primer grupo de alumnos al inaugurarse el nuevo edificio, en forma provisoria, a la sombra de la Basílica de Nuestra Señora de Lujan, en el año 1923. En 1925 los seminaristas fueron trasladados  al Seminario de la Plata, una vez terminada la parte que entonces se inauguró.
Fue ordenado sacerdote cuando tenía sólo 23 años de edad, el 21 de diciembre de 1934, en la Iglesia del Seminario de La Plata. Celebró su primera Misa en el templo parroquial de 9 de Julio el 23 del mismo mes.
Su primer destino fue el de Vicario Cooperador de la Parroquia de Chacabuco, pasando luego a la de San Ignacio, de Junín. Donde se desempeñó durante cuatro años, puestos en los cuales mostró su profunda y sólida formación espiritual, doctrinal y pastoral.
En 1941 pasó a ejercer el ministerio en la Curia del Obispado de Mercedes, donde desempeñó la notaría Mayor Eclesiástica, la Secretaría General del Obispado y desde 1945 fue provisor y Vicario General.
Fue también asesor de la A.J.A.C, de la A.M.A.C. y de la Junta central de la A.C.A. Debido a su descollante actuación en esta primera etapa de su vida sacerdotal, recibió el título de Prelado Doméstico de Su Santidad.

En Paraná

El 9 de junio de 1956 fue preconizado por el Papa Pio XII como Obispo Titular de Ceciri y Auxiliar de Paraná. Recibió la Consagración Episcopal el domingo 12 de Agosto de 1956, en la Basílica de Ntra. Sra. de Luján, a las 10:00 hs. Fue Consagrante principal Mons. Zenobio L. Guilland, Arzobispo de Paraná y su antiguo rector en el Seminario de La Plata. Fueron Obispos asistentes Mons. Anunciado Serafín y Antonio Plaza.
Se destacó como Obispo Auxiliar por la Gran Misión que se realizó en Paraná en 1960, puesta bajo su dirección, que llevó la Palabra de Dios a todos los sectores y Barrios de Paraná.
Monseñor Tortolo y S.S. el Papa Pablo VI
El 11 de febrero de 1960 el Papa Juan XXIII lo trasladó a la Sede residencial de Catamarca. Tomó posesión de la misma el 30 de abril del mismo año. En los dos años que permaneció en dicha sede, supo granjearse el amor del pueblo catamarqueño, llegando en sus giras pastorales, a veces en lomo de burro, hasta los lugares más recónditos de la diócesis y de la cordillera andina.
El 6 de septiembre de 1962 el mismo Papa Juan XXIII lo promueve al Arzobispado de Paraná -sucediendo a monseñor  Zenobio Lorenzo Guilland quien falleció el 12 de febrero de 1962 y se venía desempeñando como titular de la sede episcopal desde febrero de 1962-, del que tomó posesión el 5 de enero de 1963.
Fue Padre Conciliar del Concilio Vaticano II, al que asistió y participó en todas sus sesiones entre los años 1962 y 1965. Fue también Padre Sinodal en los cuatro primeros sínodos convocados por el Papa Pablo VI.
Cuando en 1970 el Episcopado Argentino tiene que elegir a quien sucederá al Cardenal Antonio Caggiano como Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, los Obispos eligen a Mons. Tortolo, quien tres años después resulta reelecto por un nuevo período.
El 8 de Diciembre de 1973, luego de una intensa preparación espiritual, se llevó a cabo la Coronación Pontificia de la Santísima Virgen del Rosario, por su Emcia. el Cardenal Antonio Caggiano.
Su rol como vicario general castrense durante el gobierno militar

En julio de 1975 fue nombrado por el Papa Vicario General Castrense de las Fuerzas Armadas.
Sus preocupaciones como Pastor de la Arquidiócesis de Paraná fueron siempre la catequesis, la Eucaristía, la Santísima Virgen María, los sacerdotes y el Seminario.
Mons. Tortolo fue un auténtico evangelizador: sus cartas y mensajes pastorales, sus escritos y predicaciones, estuvieron siempre marcados por una doctrina clara, segura y orientadora. Tenía, además, una habilidad admirable para hacerse comprender por distintas clases de gente, adaptando a ellas el nivel de su predicación. Su celo apostólico le hizo recorrer varias veces el territorio de la Arquidiócesis.
Su episcopado se desarrolló en medio de dos grandes crisis: la crisis post-conciliar en la Iglesia, y la crisis política que sacudió el país, ensangrentándolo, durante el accionar de la guerrilla y la posterior reacción militar.
En la primera, sobresalieron su fidelidad al Papa y su firme postura doctrinal. Sufrió mucho, pero no se dobló ni se quebró, y fue un firme sostén, maestro, guía y ejemplo para muchos, con su fidelidad inquebrantable a la doctrina ortodoxa y tradicional de la Iglesia, en momentos en que “el humo de Satanás había penetrado en los muros de la Iglesia”, en palabras del Papa Pablo VI.
Ayudó a numerosos sacerdotes vacilantes y a laicos desorientados, y se desvivió por su Seminario, asolado por enemigos exteriores e interiores. Hasta que, con sobrehumano esfuerzo, logró transformarlo en un baluarte de la sana doctrina, del que salieron numerosas generaciones de sacerdotes ejemplares.
Esta última obra mereció el elogio de Juan Pablo II quien, refiriéndose al Seminario de Paraná, empleó la expresión “Aureo Seminario”
Con respecto a la crisis política, solo los que lo trataron muy de cerca saben de sus angustias y de todo el silencioso bien que hizo. Tenía influencia y prestigio en las Fuerzas Armadas, y los empleó, mitigando excesos, curando heridas, orientando como Pastor. Por esto no siempre fue bien comprendido, incluso fue atacado. Los que lo conocieron bien de cerca saben que hizo lo humanamente posible, y tal vez un poco más.
La síntesis de la vida de Monseñor Tortolo fue escrita nada menos que por Juan Pablo II quien, al enviarle una carta con motivo de sus bodas de oro sacerdotales, le dijo:
“En realidad, las muchas obras realizadas que sería largo enumerar, donde quiera hayas ejercido el ministerio, ¿qué muestran sino que tú has sido “varón de Dios”, “hombre de la Iglesia”, por la santidad de tu vida, la experiencia pastoral, el sentido eclesial, insigne por tus dotes y celo apostólico, preocupado por las necesidades del Pueblo de Dios, por la formación del clero, por el progreso en los estudios, del régimen del Seminario Mayor y Menor, del apostolado de los laicos y del incremento de las escuelas católicas”?
Monseñor Adolfo Servando Tortolo, enfermo en los últimos años de su vida, sobrellevó con extraordinaria fortaleza su Cruz, y falleció en Buenos Aires el 1° de Abril de 1986, a los 75 años de edad. Fue enterrado en la Catedral de Paraná, a los pies del Altar de la Virgen, su gran Amor.
A monseñor Tortolo lo sucedió en el cargo monseñor Estanislao Karlic el cual renuncio en 2003 por razones de edad y le siguió monseñor Mario Luis Bautista Maulión. Monseñor Karlic fue creado Cardenal el 24 de noviembre de 2007 por el Papa Benedicto XVI.
(Fuente: página wed del Arzobispado de Paraná )
El Arzobispo Puiggari esgrimió una postura de férrea defensa a Monseñor Tortolo
Monseñor Juan Alberto Puiggari.
Actual Arzobispo de Paraná

“Tengo un recuerdo de un hombre muy de Dios, en una época tremendamente complicada”, dijo el actual obispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, al referirse a Monseñor Adolfo Servando Tortolo, el obispo que lo ordenó y a quien se cuestiona por sus vínculos directos con la última dictadura.
“Hace falta tiempo de la historia para poder juzgar todos los hechos, pero (Tortolo) era un hombre de Dios, muy preocupado por la situación que le tocó vivir”, retrató el nuevo obispo.
Esta definición de Puiggari está en relación con la semblanza sobre esos años que realiza el Arzobispado de Paraná en su sitio web. Allí se dice de Tortolo: “Con respecto a la crisis política, solo los que lo trataron muy de cerca saben de sus angustias y de todo el silencioso bien que hizo. Tenía influencia y prestigio en las Fuerzas Armadas, y los empleó, mitigando excesos, curando heridas, orientando como Pastor. Por esto no siempre fue bien comprendido, incluso fue atacado. Los que lo conocieron bien de cerca saben que hizo lo humanamente posible, y tal vez un poco más”.
En otro orden de cosas, Puiggari precisó que “estos nombramientos de la Santa Sede son para nosotros una oportunidad de servir más a la Iglesia.
Puiggari estudió teología en el Seminario local, se ordenó en 1976 y ejerció su sacerdocio durante algunos años en la capital provincial, hasta que en 2000 fue trasladado a la diócesis de la costa atlántica.
Tras citar el documento de Aparecida, sostuvo en declaraciones realizadas al programa Aire de Todos (FM Litoral), que la misión de la Iglesia es que los hombres “sean más discípulos de Jesucristo” para que “viviendo a fondo el Evangelio, sean capaces de cambiar la realidad temporal”.


(Fuente: sitio web cuestionentrerriana.com (ver link)



Monseñor Tortolo, como arzobispo de Paraná, en Junín

Casi un año después de ser consagrado Arzobispo de Paraná, monseñor Adolfo Tortolo volvió a nuestra ciudad. En este caso para participar de los actos patronales en honor a San Ignacio de Loyola, el 31 de julio de 1963. De esta manera retorna a la ciudad que los vio hacer sus primeros pasos en el sacerdocio.
Tras la procesión con la imagen del santo patrono de Junín, monseñor Tortolo dirigió la palabra a los fieles. Desarrolló su alocución destacando la importancia de la fe en la vida de los cristiano. Pero -dijo- no es suficiente con la fe, sino que es necesario que esta Fe sea convertida en obras. La Fe es necesario vivirla, proyectarla a todo el ambiente y defenderla.
Luego destacó la necesidad de la Oración . "El mundo actual -manifestó- sufre porque no reza". Habló sobre la importancia de que "el mundo hable con Dios, sobre los problemas de cada día y cada hora, pues Dios tiene necesidad de hablar con los hombres".
Prosiguiendo en su alocución, monseñor Tortolo se refirió a la necesidad de consagrar el domingo al Señor, la santificación del domingo, la devoción a la Madre de Dios, la Santísima Virgen María y finalizando se refirió a un pensamiento de San Ignacio de Loyola en su libro de "Los Ejercicios" en que hace referencia a la necesidad del conocimiento de Cristo por los cristianos.





















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