Isabel Baumann de Conte, en su idioma


Fundadora y directora de la Academia "Juan Mackinson", instituto inaugurado hace más de tres décadas y por el que pasaron varias generaciones de juninenses.




De chica, Isabel Baumann de Conte vivía con sus abuelos, quienes habían venido de Irlanda siendo muy jóvenes y se casaron en la Iglesia de Balvanera, en Buenos Aires. Más adelante, aquella pareja de inmigrantes se mudó para trabajar en un campo de la localidad de Zavalía, aunque el abuelo, don Juan Mackinson, terminó poniendo una escuela para pupilos, porque nunca le gustó trabajar en el campo.

“Era un hombre muy culto -evoca Isabel-, prácticamente autodidacta porque su madrastra no lo dejaba estudiar y lo obligaba a trabajar en el campo, entonces cada minuto que tenía libre lo aprovechaba para subirse a un árbol con un libro, por eso sabía Latín, Griego, Matemática, todo a la perfección”.

Después se vinieron a vivir a Junín y acá fue el primer profesor de inglés del colegio Nacional. En homenaje a aquel hombre fue que Chabel (así la conocen todos acá) denominó Juan Mackinson a su academia de inglés, abierta en el año 1983.

Infancia y juventud


Isabel nació en Junín. Su madre era profesora de Inglés y se desempeñó en los colegios Nacional, Normal, Comercial e Industrial. Además, tuvo alumnos particulares y dio clases en el Liceo Cultural Británico, mientras que su padre trabajó siempre en el Banco Junín y se jubiló como gerente de la institución.

Resulta curioso pensarlo hoy, pero Chabel hizo la primaria en dos colegios al mismo tiempo: “Iba a la Escuela N° 2, donde cursaba por la tarde, pero a la mañana, también concurría al Colegio Inglés, que estaba en Borges y Leandro N. Alem, y era el colegio que los ingleses del Ferrocarril habían traído para que estudien sus hijos, porque ellos venían por dos años a trabajar, entonces no ‘sacaban’ a sus hijos del sistema educativo, sino que seguían su formación acá”.

Según cuenta, en ese tiempo la educación era muy diferente. “En la Escuela N° 2 -relata-cursábamos también los sábados y en el Colegio Inglés nos hacían ir hasta los domingos como obligación a la misa, sino, nos ponían falta. Y como era la época de la Segunda Guerra Mundial, teníamos que tejer, antes de irnos, un cuadrado de 20 por 20, con el que se hacían colchas que mandaban para Europa. Y si tenías suerte, la directora te elegía para ir a tomar el té con ella, cantar y leer cuentos”.

Luego, hizo el secundario en la Escuela Normal Nacional, y egresó con el título de maestra.

Ella hubiera querido seguir la carrera de Medicina, pero no pudo cumplir con su vocación, ya que “era la época en que no se dejaba a las chicas ir a estudiar a Buenos Aires”. Para poder ingresar en la carrera, tenía que rendir equivalencias, entonces, mientras iba al secundario, por las noches Isabel estudiaba para rendir esas equivalencias, y cuando su padre pasaba y la veía con los libros, le decía: “Yo no tengo problemas en que seas maestra y bachiller, pero no vas a ir a estudiar a Buenos Aires”. Chabel siguió estudiando, dio todos los exámenes pero, finalmente, tal como le habían advertido, no la dejaron ir.

Inglés

Fue entonces cuando comenzó a ayudarle a su madre con sus clases particulares. “Mis primeros alumnos -recuerda- fueron quienes hoy son los dos doctores Bazzani: Marcelo y Gastón. Y después vinieron Patricio Rosas, hoy abogado, y Daniel Rosas, que actualmente es escribano”.

Así empezó y llegó a tener 45 alumnos en su casa.

Después trabajó dando clases de inglés en el Colegio Nacional de Arenales: “Viajaba en colectivo con otra compañera y el transporte llegaba a esa localidad a las 7 de la mañana, así que teníamos que quedarnos una hora esperando hasta que abriera el colegio. Y como no tenía micro de regreso hasta varias horas después, me quedaba dando clases particulares en la biblioteca para los chicos de allí”.

Más adelante se casó y trabajó en el Liceo Cultural Británico, hasta que su marido consiguió un puesto en una empresa importante en Buenos Aires, por lo que se mudaron y ella trabajó, durante los 13 años que vivieron allá, como directora de la Academia Cultural Inglesa Olivos sucursal Vicente López.

Academia Juan Mackinson

Pasados esos años, en el trabajo de su marido le dieron a elegir si quería ser gerente internacional -lo que implicaba mudarse a Brasil- o trasladarse a la planta de Nidera en Chacabuco. Sus hijos no querían irse del país y siguiendo sus deseos, regresaron a Junín.

Una vez acá, más por iniciativa de su marido que por la suya propia, decidió poner una academia de inglés. Era el año 1983 y nacía la Academia Juan Mackinson.

“Empezamos con 86 alumnos”, recuerda Isabel, y amplía: “Mi primera colaboradora, que daba clases conmigo, fue Carolina Brizuela de Chiachetta, y entre las dos le enseñábamos a esos 86 chicos”.
En aquel tiempo había otros establecimientos similares en Junín, como el Instituto William Shakespeare, el Colegio Boston o el London.

“Desde el principio me fue bastante bien -rememora- porque yo siempre fui muy responsable con mi trabajo y la responsabilidad te retribuye confianza, entonces, mucha gente ya me conocía, y tan es así, que los hijos de mis primeros alumnos también vinieron a la academia”.

Isabel asegura que en estos 30 años trabajó mucho y buscó aggiornarse, aunque también siempre supo que “en esto se necesita renovación e ideas nuevas”, por eso menciona y reconoce a quienes estuvieron y están a su lado: “La primera coordinadora que tuve fue Hebe Argentieri, que fue una gran colaboradora y una gran profesional, como lo son ahora Cecilia Demergasso, Claudia Falasconi y Florencia Badoglio, que forman parte de este proyecto”.

Desde hace un largo tiempo, la Academia Juan Mackinson envía a sus alumnos a rendir a la Universidad de Cambridge, en Buenos Aires, donde toman todos los exámenes internacionales y está oficialmente reconocido. Ahí hay tres niveles: First Certificate, CAE y Proficiency. Y también hay tres niveles para niños, que pueden empezar a rendir desde los siete años.

Con todo, Chabel comenta cuál es el presente y el futuro de la academia: “Yo, previendo un poco el paso del tiempo, fui preparando gente y, además de las personas que ya mencioné, las docentes que hay aquí son excelentes, y no solo son buenas enseñando, sino que saben manejarse en otros aspectos de la vida institucional de este lugar, saben hablar con los padres, y dentro del grupo nos vamos enseñando unas a otras para seguir mejorando”.

Consideraciones sobre el idioma


Baumann de Conte señala cuáles son las diferencia entre clases particulares y la academia: “El trabajo en grupo siempre es mucho más ameno, se pueden hacer más actividades, cosas distintas, cuando se tiene un alumno solo frente al docente, la dinámica es distinta. Sin embargo, hay chicos que requieren de ese sistema, que no funcionan en grupos, y deben hacer este tipo de trabajo. Porque algunos necesitan sentirse más ‘protegidos’ y eso se logra, a veces, cuando están solos con la maestra y no en grupo”.

Además, asevera que el idioma cambió en algunas cosas, pero no en lo esencial, y aclara que “lo que sí cambió, es la presentación en los libros, porque anteriormente eran sin figuras ni colores”, y advierte: “Es por eso que yo no quiero las fotocopias, porque creo que no tienen el atractivo de un libro. Yo considero que un libro de cuentos, por ejemplo, si está fotocopiado, perdió un 50% de su encanto”.

Con todo, Isabel destaca que, con el tiempo, las modificaciones más importantes se dieron en las estrategias de enseñanza. “Antes se repetía todo de memoria -cuenta- y hoy se utilizan otras técnicas, y con los más chicos, se trabaja todo a través de juegos y canciones”.

Balance


Luego de décadas de experiencia, Chabel remarca la importancia de conocer el idioma: “Creo que saber inglés abre muchísimos caminos, es bueno para el desarrollo intelectual, en casi todos los países del mundo hablan en inglés, no solo en desarrollados, y también para conocer el mundo -el que tenga la suerte de viajar- o por trabajo, porque hoy en cualquier empresa piden que sus empleados sepan el idioma, así que creo que es muy importante”.

Y en ese marco, a la hora de hacer un balance, Isabel Baumann de Conte se muestra muy gratificada: “Yo estoy muy satisfecha, sobre todas las cosas, por la gente que he conocido. Nosotros tenemos mucho contacto con los chicos, por acá han pasado generaciones y cada vez que veo uno de ellos en la calle, a mí se me ilumina el corazón. Y las docentes que he conocido, la gente con la que he trabajado acá, me han dado muchas satisfacciones, y no hablo de la parte material, sino que creo que todo esto me enriqueció espiritualmente”.

(Fuente Diario Democracia, edición del 30 de junio de 2013)

























































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