Cuando Mitre fue tomado prisionero en Junín

La batalla fue librada en una estancia próxima a la laguna "La Verde" en el límite de los partidos de 25 de Mayo y Bolívar. El rol del Cacique Catriel. Don Juan Narbondo le da albergue y protección en su casa-quinta, pero allí es descubierto dos días más tarde y tomado prisionero.





Bartolomé Mitre
En el año 1874, a causa de hondas divergencias de carácter político, el general Bartolomé Mitre encabeza una revolución para derrocar al gobierno de Avellaneda.

Las tropas acantonadas en el fuerte de Junín tienen una activa participación en ese lamentable suceso.
El comandante Francisco Borges, por entonces jefe de la guarnición local, interviene con parte de la misma y en apoyo de los revolucionarios en la recia batalla de "La Verde". En la acción es herido de gravedad y muere como consecuencia días más tarde.

La batalla fue librada en una estancia próxima a la laguna "La Verde" en el límite de los partidos de 25 de Mayo y Bolívar, sitio donde estaban atrincheradas las fuerzas gubernamentales al mando del coronel José I. Arias.

El mayor Manuel López se alista en la emergencia en el bando de Mitre, en tanto que el capitán Pablo Vargas se mantiene fiel a las tropas que responden al Gobierno.

En el fragor de la sangrienta lucha, también Vargas es herido de consideración, sin abandonar por ello su puesto de responsabilidad en el combate.

Y he aquí una anécdota referida por don Gregorio Vargas, sobrino-nieto de aquel intrépido militar.


Coronel Francisco Borges
 Finalizado el encuentro con el triunfo de las tropas del Gobierno, y en momentos en que se estaba concentrando a los prisioneros, Vargas divisa a la distancia dos jinetes que huyen, exigiendo visiblemente mayor velocidad a sus cabalgaduras. Montado en su famoso pingo pangaré, prestamente se lanza en persecusión de los fugitivos hasta darles alcance, cuando los tompa prisioneros, comprueba con sorpresa que uno de ellos no es otro que su jefe inmediato: el mayor Manuel López, de quien se había separado días antes.

Cipriano Catriel, aquel cacique civilizado y por muchos discutido, también se encuentra entre los derrotados. 

Parapetado con un reducido grupo tras la volanta de Mitre, que había sido volcada a manera de barricada, resiste heroicamente hasta el final de la lucha. Y es también Pablo Vargas el que llega impetuoso hasta el lugar para gritarles virilmente: "Por orden del coronel Lagos, ríndanse!". Así toma prisioneros al famoso cacique y sus acompañantes.

Catriel -que conocía bien a Vargas- se entrega pidiendo clemencia ya que sabía la suerte que le esperaba. No obstante, algunos días más tarde el prisionero es puesto a disposición de las tribus capitaneadas por sus propios hermanos, los que habían peleado junto a las tropas del Gobierno y lo pedían para juzgarlo como traidor.


Cipriano Catriel
Cipriano Catriel pagó entonces con su vida la osadía de haberse sublevado siendo su propio hermano quien lo ultimó de una feroz puñalada. Mientras se debatía entre los estertores de la muerte se lo oyó pronunciar estas palabras: "Chanchú hermano...!", expresión que quería decir: "Hermano cochino".

El general Mitre, por su parte, que se hallaba en el lugar digiendo la batalla, comprende con amargura la inutilidad del esfuerzo que se está realizando, ya que le falta cooperación suficiente para poder lograr lo que considera justos y razonables objetivos.
A pesar de contar aún con una considerabvle fuerza que le responde ampliamente, prima su profundo sentimiento humano y su sensatez, y se decide abandonar la cruenta lucha, tan difícil de inclinar rápidamente a su favor. No quiere seguir viendo correr ante sus ojos tanta sangre generosa; ordena la rendición y se aleja de la zona de peligro, pues conoce muy bien el riesgo que corre su vida como consecuencia de la severidad militar en vigor.

En su rápida retirada llega hasta el fuerte de Junín donde tiene buenos amigos. Don Juan Narbondo le da albergue y protección en su casa-quinta, pero allí es descubierto dos días más tarde y tomado prisionero.

De inmediato pide clemencia para sus subordinados, pero nada pide para él, pues se considera responsable y prefiere afrontar con estoicismo la penosa situación de prisionero.

La mansión de referencia fue demolida en el año 1931, luego de haber sido donada por su propietaria, dona Juana Iribarne viuda de Narbondo, con la finalidad de que se erija en ese lugar una escuela de Artes y Oficios.

Esta voluntad quedó posteriormente concretada en realidad con la construcción de la actual Escuela de Educación Técnica Nro. 1 "Antonio Bermejo" delimitada por las calles Moisés Lebensohn, Ramón Falcón y 12 de Octubre.

Llama la atención que las autoridades que tuvieron a su cargo la selección del nombre para tan importante edificio no hayan considerado, en primer lugar, al de su donante, teniendo en cuenta los altos fines que la animaron a tomar esta magnífica actitud.

Cómo se llegó a la batalla de "La Verde"

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Batalla de La Verde
Parte de Guerras civiles argentinas
Fecha26 de noviembre de 1874
Lugarestancia La Verde, partido de Nueve de Julio provincia de Buenos Aires, Argentina
ResultadoVictoria del Ejército Argentino
Beligerantes
Ejército ArgentinoEjército Liberal
Comandantes
José Inocencio AriasBartolomé Mitre
Fuerzas en combate
9004.500
Bajas
 ?1.000
Batalla de La Verde (provincia de Buenos Aires, 26 de noviembre de 1874), combate entre las fuerzas nacionales al mando del teniente coronel José Inocencio Arias y las revolucionarias, dirigidas por Bartolomé Mitre, que dio fin a la revolución de 1874 en la provincia de Buenos Aires.

Antecedentes

La derrota electoral de Bartolomé Mitre en las elecciones de 1874 frente a Nicolás Avellaneda hizo estallar una revolución de su partido, con la excusa de que éste había triunfado gracias al fraude. El fraude había existido, pero lo habían usado ambos bandos y el propio candidato derrotado lo había utilizado varias veces en el pasado.

La fecha programada para la revolución era al día siguiente de la asunción de Avellaneda, ya que aceptaban como legal al gobierno de Sarmiento; pero como sus preparativos fueron descubiertos, se lanzaron a la rebelión antes de esa fecha. Poco después estallaba otra en San Luis y el sur de la provincia de Córdoba, dirigida por el general José Miguel Arredondo, que nunca llegó a coordinarse con la primera.

Por varias semanas, el grupo de Mitre, inicialmente dirigido por el general Ignacio Rivas, recorrió el sur de la provincia de Buenos Aires, reuniendo soldados de la frontera con los indios y voluntarios armados, hasta llegar a reunir casi 5000 hombres, incluidos muchos indios amigos. Pero las provincias que se habían comprometido a apoyarlo, especialmente Corrientes y Santiago del Estero, no se unieron a la revolución. Pese a haber conseguido varios éxitos parciales, sobre todo por deserción de las fuerzas leales, los hombres de Mitre no lograban hacerse fuertes en ninguna ciudad.

Desarrollo

Cuando se dirigían al norte de la provincia, encontraron al entonces teniente coronel José Inocencio Arias, que se había dirigido al frente de combate con su regimiento de infantería sin saber dónde estaba el enemigo, y había quedado muy adelantado.

Sorprendido por la cercanía del ejército rebelde, se había parapetado con sus 900 hombres en la estancia La Verde (cerca de Nueve de Julio), aprovechando las instalaciones rurales y cavando rápidamente varias fosas defensivas. La desventaja numérica de Arias podía ser compensada sólo por la mejor capacidad de fuego de su infantería, la excelente posición defensiva, y la disciplina profesional de sus hombres.

Mitre supuso que la diferencia numérica era suficientemente amplia como para asegurarle la victoria, y ordenó un ataque en masa de todos sus hombres, la enorme mayoría de los cuales eran de caballería. 

Tras cuatro horas de lucha, sin embargo, había perdido más de mil hombres, incluyendo varios oficiales superiores, entre los cuales el más destacado fue el coronel Juan Francisco Borges (de quien se dice que se hizo matar al ver que eran derrotados), abuelo del escritor Jorge Luis Borges y amigo personal de Arias.

 Consecuencias

Mitre, derrotado, se trasladó a Junín, donde permaneció unos días en la casa de su amigo Narbondo. Pero Arias se dirigió hacia allí, forzándolo a capitular. Poco después, Arredondo era derrotado y apresado en la batalla de Santa Rosa (Mendoza), con lo que la revolución fracasaba y el gobierno de Avellaneda podía continuar su curso en paz.

Curiosamente, los hombres de Mitre habían logrado aplastar todas las revoluciones que habían estallado en su contra durante su gobierno gracias a la superioridad de armamento de su infantería en las batallas, frente a numerosos montoneros que los cargaban de frente; pero, al parecer, nunca entendió por qué los había derrotado. 

De otra forma, no se explica cómo hizo exactamente lo mismo que había llevado a la derrota a sus enemigos.

Arias fue premiado con el ascenso a coronel; llegaría a ser general y gobernador de la provincia de Buenos Aires. 

La carrera política de Mitre pasó a un franco segundo plano desde entonces, convertido en una especie de leyenda histórica viviente, que distintos grupos usaron para sus propios fines; pero nunca realmente volvió a reunir apoyos personales tan importantes como hasta esa fracasada revolución. En cuanto a Rivas, su carrera llegó ese día a su fin, y moriría seis años más tarde en un cargo administrativo secundario.























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