Las Morochas: El rincón donde el tango y la bohemia se hicieron barrio
Hay lugares que se caminan y lugares que se sienten. El Barrio Las Morochas pertenece, sin dudas, a la segunda categoría. Definido por ese triángulo que alguna vez fue el límite de la ciudad, este sector de Junín supo construir una identidad propia, forjada entre el humo de los boliches de esquina, el eco de las guitarras y el rebote de la pelota de básquet.
El Canto de los Cinco Trovadores
La bohemia de Las Morochas no es una abstracción; tiene nombres y apellidos que hoy descansan en bronce gracias a la reciente restauración de sus bustos. Hablar de Luis Negreti, "Mataco" Saborido, "Pepe" Gutiérrez, Luis Acebal y Alberto Ale es evocar una época donde la música no se descargaba, sino que se compartía.
Estos "Trovadores" no eran estrellas de radio de la Capital; eran vecinos. Eran hombres que le cantaban a la vida cotidiana, al amor de barrio y a la amistad. Su presencia en la plazoleta que hoy lleva su nombre no es solo un homenaje escultórico, es un recordatorio de que Las Morochas fue, durante décadas, la usina cultural más auténtica de Junín. Allí, el tango no se bailaba para los turistas; se vivía como un lenguaje natural entre amigos.
Esquina, Club y "Farola"
La bohemia morochense siempre tuvo sus santuarios. El Club Argentino aportó el pulso deportivo y social, pero las esquinas aportaron la filosofía. Eran tiempos de mesas largas en los boliches, donde se arreglaba el mundo entre vuelta y vuelta de ginebra o vino tinto.
La fisonomía del barrio, con sus casas de techos altos y sus veredas angostas, invitaba a la charla espontánea. En Las Morochas, el tiempo parecía tener otro ritmo, uno más acompasado, como un compás de 2x4. Esa atmósfera fue la que atrajo a poetas y músicos, y la que permitió que surgieran personajes que hoy son leyenda.
Un Patrimonio que Respira
Restaurar los bustos de los Trovadores (una tarea artesanal que hoy destaca en la gestión cultural) es mucho más que limpiar metal. Es desempolvar la memoria. En un Junín que crece hacia las rutas y se moderniza con complejos terminales, Las Morochas sigue siendo el refugio de lo esencial.
Caminar hoy por la plazoleta, ver los rostros recuperados de Negreti o Saborido, es sentir que la bohemia no ha muerto. Sigue ahí, vibrando en cada acorde de guitarra que se escapa por una ventana abierta en una noche de verano, recordándonos que somos hijos de una ciudad que, antes de ser cemento, fue canción.
POSTALES DEL BARRIO LAS MOROCHAS: CLUB MORENO, PLAZOLETA RENE PEREZ, PLAZOLETA DE LOS TROVADORES, CALLE CHILE Y ZONA CERCANA, IGLESIA SAN JORGE, SINDICATO DE LA TV SATSAID, JARDIN DE INFANTES 916 "LUIS B. NEGRETI"







































































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