1 de febrero: El mundo en una baldosa y Junín en el mundo
La historia no es una línea recta, sino un tejido de coincidencias. Cada 1 de febrero, el calendario nos propone un ejercicio de perspectiva: mirar el mapa global para descubrir que los grandes hitos de la humanidad y los latidos cotidianos de nuestra ciudad, Junín, están más conectados de lo que creemos.
Mientras en 1851 el mundo despedía a Mary Shelley —la mujer que nos enseñó el miedo a lo desconocido con Frankenstein—, Junín construía su propio relato de resiliencia frente a lo nuevo. Esa misma incertidumbre que Shelley plasmó en el papel es la que sentimos en 2020, cuando en las oficinas de la Región Sanitaria III se daban las primeras reuniones por un virus del que nadie sabía nada. Del "Prometeo moderno" a la vigilancia epidemiológica, el ser humano siempre ha lidiado con el misterio de lo que vendrá.
El arte también nos une. En 1930 nacía María Elena Walsh, la voz que nos dio identidad infantil y poética a los argentinos. Un año antes, en 1929, un grupo de vecinos del Barrio Belgrano fundaba su Biblioteca Popular bajo el nombre de Manuel Belgrano. Hay una armonía perfecta en eso: mientras Walsh escribía canciones que serían inmortales, en una esquina de Junín se abrían las puertas para que esas y otras páginas llegaran a manos de los trabajadores.
La tecnología, ese motor que hoy nos parece natural, tuvo sus partos difíciles. Hoy recordamos el nacimiento de la fotógrafa Vivian Maier (1926), quien capturó la realidad en rollos de película, o el genio de Buster Keaton, que hizo del silencio un arte. En Junín, ese salto hacia la modernidad visual y comunicativa tiene una fecha grabada a fuego: 1999. Aquellos primeros "cibers" como Cibergamo fueron nuestros portales a una red que, como decía Pablo Corbanini en aquel entonces, "nadie sabía para qué servía". Pasamos de la cámara de Maier al streaming y la fibra óptica en un suspiro histórico.
Pero el 1 de febrero también nos habla de la fragilidad. Mientras el mundo celebra la potencia de un Gabriel Batistuta (nacido en 1969) o el carisma de un Harry Styles, la realidad local nos devuelve a la tierra —literalmente—. La sequía de 2009 en la Laguna de Gómez y el doloroso cierre de Molinos Muscariello en 2022, tras un siglo de molienda, son recordatorios de que la historia no es solo éxito y brillo, sino también lucha, resistencia y, a veces, despedidas necesarias.
En definitiva, este 1 de febrero nos demuestra que Junín no es una isla. Somos el resultado de los libros que guardamos en nuestras bibliotecas, de los desafíos climáticos que enfrentamos y de nuestra capacidad para integrarnos a un mundo que corre a la velocidad de la luz.
Desde la pluma de Shelley hasta el último posteo en redes sociales, todos somos parte del mismo relato. Y hoy, Junín escribe su página con el orgullo de saberse protagonista de su propio tiempo.


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