Cartas de y para el frente, palabras escritas que sirvieron para construir historias de vida
La correspondencia intercambiada entre alumnos de escuelas en el continente y soldados apostados en su puesto de guerra constituyó un fuerte sostenimiento psicológico para quienes defendían nuestra bandera en el conflicto y con el tiempo dieron base a emotivos encuentros.
“Marcela. Espero que al recibir estas líneas te encuentres muy bien junto a tus seres queridos. Te escribe uno de los tantos soldados que defiende lo nuestro. Un soldado que al leer tu carta se sintió muy conmovido y hasta tuvo deseos de llorar. Un soldado que esperaba la carta de su vieja, pero que se alegró de la misma manera al leer las líneas dibujadas por tus manos”, comienza diciendo una carta que el soldado Pablo Azimonti –oriundo de San Pedro, provincia de Buenos Aires- escribió a una alumna de nuestra ciudad, Marcela Ana Carmelino que por aquel tiempo cursaba el tercer año división “E” en la ex Escuela Nacional de Comercio.
Un recuerdo emocionante
Treinta años después, Pablo Enrique Azimonti reside en la ciudad de Mar del Plata –donde se trasladó en 1983-. Un año antes prestaba el servicio militar obligatorio en el Batallón de Logística 10, con asiento en Capital Federal, en General Paz y Constituyentes.
El 14 de abril de 1982, Pablo y noventa camaradas de armas de su Batallón fueron trasladados en avión a Río Gallegos y dos días más tarde, también por vía aérea, son apostados en las islas. Cuando fue movilizado, a Pablo le quedaban diez días para ser dado de baja. “Yo siempre le di mucha importancia a los símbolos patrios por lo que aspiré a formar parte de esa compañía ye cambié el lugar con otro soldado que era padre de dos hijos. Fue voluntad mía ir al sur”, señaló.
En Malvinas, junto a los efectivos de su unidad estuvieron apostados en la zona del aeropuerto y posteriormente se ubicaron al norte de la residencia del gobernador, cerca del cerro “Dos Hermanos”. Cayó prisionero de los ingleses al firmarse la rendición.
En una entrevista realizada en 2016, Pablo me contó que recuerda perfectamente la carta enviada por la entonces alumna juninense. “Al principio, en los primeros días de abril, –rememora- las únicas cartas que recibíamos eran las escritas por los chicos y para nosotros era como recibirlas desde un familiar querido. Era muy emocionante leer esas cartas”.
“Me acuerdo de Marcela Carmelino, como también su carta. Después tuve el gusto de conocerla, al igual que a su hermano y para mí fue una emoción muy grande. Yo le contesté y a su vez recibí una respuesta. Sé que la carta salió publicada en el diario La Verdad”, recordó.
“Después me empezaron a llegar correspondencia de mi familia, pero la primera carta que recibí fue de Ana Carmelino”, destacó el ex combatiente quien abrió dos cartas, la de la joven juninense y otra proveniente de una estudiante del norte de Salta pero a pesar de haberle contestado, no recibió otra correspondencia.
Hoy, como se dijo al principio, Pablo reside en Mar del Plata. Justamente por esas coincidencias del destino, es la ciudad que albergó a una familia que provenía de Junín: Gurrieri, uno de cuyos hijos, José Gurrieri falleció en combate.
En Mar del Plata hay unos doscientos ex combatientes agrupados en un Centro de veteranos de guerra que se ha constituido en un ejemplo. Junto al municipio marplatense se pudo contar con un gimnasio propio.
“Quisimos dejar de ser los “locos de la guerra” y pasar a ser un ejemplo para la sociedad –resaltó en una entrevista que realice a Pablo hace cinco años-. Desde un primer momento nunca quisimos que se pidiera nada para nosotros. No queríamos dádivas”.
La interrelación del Centro de ex combatientes en Mar del Plata con su comunidad es muy fuerte e inclusive los ha llevado a participar en campañas como por ejemplo la entrega de cascos para motociclistas en una sociedad de fomento impulsados por el lema de que a nosotros el casco nos salvó la vida y deseamos que a los motociclistas también”.
Pablo hizo llegar un saludo a todos los juninenses y en especial a Ana Carmelino por haber escrito esa carta “que fue tan importante para mí”, resaltó.
MARCELA: "SENTIA QUE ERA UNA MANERA DE APORTAR ALGO"
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| Marcela Carmelino |
“ME SIENTO MUY ORGULLO DE ESTAR AQUI”
Te digo hasta pronto y la mejor de las suertes ya que lo mereces por tanto que haces por mí.
Pablo. Un pibe que te brinda toda su amistad.
“Queridos alumnos y profesores de la Escuela Normal Nacional de Junín. He considerado como deber de argentino el agradecerle a ustedes el apoyo espiritual que nos brindan en estos momentos tan difíciles para nosotros y que no hacen más que engrandecer nuestro espíritu y elevar más aún nuestra moral como combatientes”.
Así comenzaba la carta que el cabo Miguel A. Martínez remitió a los alumnos de la Escuela Nacional Normal Superior, recibida el miércoles 2 de junio de 1982 y publicada por el matutino juninense La Verdad al día siguiente.
Sé que ellos dicen no saber con qué armas se defiende nuestro país pero puedo asegurarles que en cada bala de cañón que se dispara, va un corazón argentino envuelto en la celeste y blanca, no con el deseo de destruir, sino con el deseo de imponer ante el invasor una barrera impenetrable.
También les diré que aquí, al igual que ustedes, tenemos los corazones elevados a Dios por la paz del mundo pero fervorosos y firmes en nuestra causa, por el pronto retorno a nuestros hogares junto a nuestros seres queridos que tanto nos esperan.
Sobre el Regimiento 101 de Artillería de nuestra ciudad no puedo contarles nada ya que son muchos los kilómetros que nos separan. Ellos están en el continente, precisamente en Río Gallegos y yo me encuentro en la Isla Soledad en Puerto Argentino.
Además, quiero que sepan que yo también tengo mi corazón puesto en esa Escuela Normal ya que Claudia, mi hermana, estudia en vuestras aulas, además de mi querida novia y su hermana.
Como se darán cuenta, gran parte del día mi mente y mis deseos de regreso pasean por sus galerías y aulas buscando cosas que me acerquen por medio de la imaginación a mi querida ciudad y a los seres que amo.
Bueno. Adelante juventud, a seguir estudiando con más voluntad que nunca que la Patria los necesita. Ustedes son el futuro de esta tierra joven que Dios nos legó.
Permanezcan tranquilos. Hay un soldado argentino velando por nuestra Patria.
Amigos, estudiantes y profesores, tengo tan solo 22 años y les diré que me siento orgulloso de que la vida me de la posibilidad de sentirme hombre y la Patria la firmeza y la fe de salir victorioso en el combate.
Queridos alumnos, queridos profesores, estimada señorita directora. Me uno a ustedes en un fuerte abrazo, un hasta pronto y que Dios los bendiga.
Viva la Patria. Miguel A. Martínez, Cabo.

































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