El laberinto secreto de Junín: de la huella masónica a la cava privada de un licorero

Un recorrido integral por la intrincada red subterránea que divide a historiadores, conmocionó a la opinión pública en los años 80 tras las revelaciones de Semanario y que encuentra en el valioso testimonio recopilado por el periodista Agustín Panizza la clave funcional sobre su verdadero origen.

Bajo los cimientos de la vibrante ciudad de Junín, allí donde el tránsito diario de la avenida Arias y la actividad comercial transcurren con absoluta normalidad, duerme una red de pasadizos subterráneos cubierta por la penumbra y el misterio. A lo largo de las décadas, mitos urbanos, hipótesis de reuniones secretas y teorías de la época de frontera se han entretejido alrededor de estas estructuras de ladrillo y tierra. Sin embargo, la reconstrucción periodística e histórica permite hoy contrastar las sensacionales crónicas de época con los testimonios directos de sus protagonistas y las investigaciones modernas.

LA NOTA ORIGINAL QUE DESCUBRIÓ LO QUE SERÍA MITO, MISTERIO Y LEYENDA

¡Sensacional hallazgo en pleno centro!: El día que Junín descubrió un laberinto secreto bajo sus cimientos

En agosto de 1984, un grupo de albañiles que cavaba un sótano en la calle Arias 61 se topó con un misterioso pasadizo subterráneo abovedado, con ramificaciones y extrañas cámaras circulares. Rescatamos de forma textual la histórica y conmovedora crónica de la revista Semanario que paralizó a la ciudad y encendió los mitos sobre nuestro pasado.

El hallazgo que conmocionó a la ciudad: La mítica nota de Semanario

A comienzos de la década de 1980, lo que hasta entonces eran solo rumores de pasillo cobró una dimensión pública de enorme impacto. Durante la ejecución de obras de remodelación en la vivienda de la calle Arias, un grupo de cuatro albañiles que cavaba para preparar un sótano —destinado originalmente a la conservación de fiambres y alimentos por parte del nuevo propietario— tropezó repentinamente con la boca de un pasadizo a unos dos metros de profundidad.


El periódico Semanario cubrió el hallazgo en una histórica edición bajo el impactante titular "Nunca se registró un acontecimiento así. SE DESCUBRIÓ UN TÚNEL SECRETO". En aquella crónica, la redacción describía el asombro y la parálisis de los obreros al asomarse al vacío, calificando el momento como un episodio culminante para la memoria local que remitía de inmediato a los orígenes del antiguo Fuerte Federación. (Agosto de 1984).

«Esto parecía una celda; fue la primera impresión que tuvimos», declararon los trabajadores al medio, describiendo un recorrido abovedado en forma de columna vertebral con derivaciones perpendiculares, paredes de ladrillones asentados en barro y una llamativa cámara circular con argollas o grillos de hierro oxidados colgados del techo.

El equipo periodístico de Semanario recorrería sigilosamente el lugar auxiliado por una lámpara portátil, planteando abiertas interrogantes sobre su extensión —que especulaban podía conectar con la Plaza 25 de Mayo o la pizzería Rivas— y recordando hallazgos previos en la zona, como los restos humanos y armamento indígena descubiertos al construir el Banco Ganadero. Ante el temor de inconvenientes estructurales con las propiedades vecinas, el acceso fue prontamente tapiado y clausurado con una losa.

Detrás del mito de los túneles: La historia de la cava familiar que desveló a Junín

En enero de 2019, el periodista Agustín Panizza publicó en el diario Democracia una investigación fundamental que aportó luz sobre el pasadizo subterráneo de la calle Arias. Con testimonios de los herederos de la propiedad y la visión de historiadores locales, el informe contrapone la fascinación por las leyendas urbanas con la función real de una antigua bodega y licorería de fines del siglo XIX.


Los testimonios familiares y la investigación de Agustín Panizza

Años más tarde, una reveladora investigación firmada por el periodista Agustín Panizza para el diario Democracia (publicada en enero de 2019) aportó luz sobre la verdadera naturaleza de la propiedad de Arias 63, desmitificando en gran medida el carácter "inédito" del descubrimiento.

A través del testimonio de Yuki Panizza y su hijo Abelo Galdeano, se reconstruyó la historia cotidiana de la vivienda. La casa había pertenecido hacia 1895 al licorero David Panizza (tío abuelo del comprador posterior) y fue adquirida cerca de 1940 por Halley Panizza.

Vida cotidiana sobre el túnel: Yuki Panizza relató que para la familia la existencia del túnel nunca fue un secreto ni un enigma. “Para nosotros no fue ningún descubrimiento, era lo más natural”, explicó, recordando que de pequeña sus padres le prohibían bajar por temor a que se rompiera la antigua escala de madera. El acceso se realizaba mediante una tapa cuadrada dispuesta debajo de una cama.

Exploración juvenil: Abelo Galdeano detalló cómo durante su adolescencia utilizó la vivienda como sala de ensayo y exploró la red subterránea durante más de un año. Describió la estructura como un pasillo principal dirigido hacia calle Arias con tres cámaras circulares abovedadas (similares a hornos de barro) de 3 por 4 metros, además de vestigios de marcas de pala que evidenciaban un plan de expansión inconcluso hacia calle Lebensohn, Narbondo y Saavedra.

Uso utilitario y bodega: Galdeano confirmó el hallazgo de un alambique con caños de estaño y grifos de bronce de origen europeo. Explicó que la estructura respondía a una necesidad estrictamente funcional: en una época pre-industrial sin refrigeración ni pasteurización de cerveza, el subsuelo ofrecía una temperatura constante de 19 °C ideal para la fermentación, destilado y almacenamiento de licores y vinos.

3. La perspectiva historiográfica y el descarte de la defensa contra malones

El análisis de la historiadora Carolina Corfield en su obra "Los Lugares Imaginados" y los aportes de Alfonsina Iacullo desde el Archivo Histórico Municipal permiten catalogar las distintas tipologías de túneles existentes en la ciudad y desmitificar varias teorías.

Asimismo, los historiadores y especialistas coinciden en que estos túneles no estarían vinculados a las teorías que hablaban de un supuesto sistema de defensa contra los malones. Las construcciones de ladrillo —como la de Arias 63— habrían sido erigidas hacia fines del siglo XIX, iniciando presumiblemente en la década de 1890, un período en el que la amenaza indígena ya no existía en la zona, puesto que los registros históricos fijan los últimos ataques de malones en el año 1874 (con algunas incursiones lejanas en 1876).

Descarte de la teoría del Fuerte: Alfonsina Iacullo sostiene que el túnel de Arias 63 no pertenece a la etapa del Fuerte Federación (1827). La estructura se sitúa fuera del trazado perimetral del fortín y por encima de la profundidad que requeriría el antiguo foso defensivo (3,40 metros). Corresponde, más bien, a las técnicas de construcción subterránea importadas por los inmigrantes europeos a finales del siglo XIX.

Infraestructura ferroviaria y deportiva: A partir de 1906, el auge agroganadero y el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico (BAP) sumaron túneles de uso operativo, como el pasaje subterráneo de 80 metros en Sarmiento y Newbery o "La Alcantarilla" de la calle Chile. En épocas más recientes, estadios como los de Sarmiento, Mariano Moreno y BAP incorporaron túneles de acceso a vestuarios.

La entrada a la vivienda donde fue descubierto el túnel (Fotos de Semanario)

4. Las conexiones con la Masonería local

A las hipótesis comerciales y funcionales se suma la línea de investigación divulgada por juninhistoria, la cual vincula ciertos pasadizos subterráneos con el accionar de las logias masónicas entre finales del siglo XIX y los primeros años del siglo XX.

Durante dicho período y hasta las vísperas del Centenario, la Masonería ejercía una notable influencia en la dirigencia política y social de Junín. De acuerdo con estas versiones, los túneles que se extenderían entre las calles Arias, Aparicio (entre Narbondo y Rivadavia) y su continuación por la calle Mitre habrían estado relacionados con las residencias de los líderes políticos de la época, sirviendo como vías discretas y espacios reservados para sus reuniones secretas.

Conclusión

El fascinante mapa subterráneo de Junín combina la precisión arquitectónica de las cavas comerciales con el simbolismo de las logias masónicas y los vestigios defensivos de un pueblo de frontera. Aunque la losa de cemento colocada en Arias 63 mantiene sellado el acceso al pasadizo más emblemático de la ciudad, los testimonios orales y el registro documental han logrado transformar lo que durante décadas fue un mito urbano en una invaluable pieza del patrimonio histórico juninense.





 

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