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El Padrecito de los Pobres

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(Télam, por Emiliano Vidal *).- La figura de Manuel Dorrego transita por caminos tan complejos como contradictorios. Porque fue un líder federal aunque porteño. Porque si bien fue republicano, también fue popular. Porque fue un político que soñó con la Patria Grande que impulsaban José de San Martín y Simón Bolívar. Porque fue un héroe militar de la Independencia. Porque fue un hombre de agallas y de trágico final. Para la línea mirista, fue uno de los “perdedores de la historia”. Con su fusilamiento a manos de Juan Lavalle, comenzó la larga guerra civil que dividió a los argentinos y los divide según quien relate su muerte. Para comprender el contexto de su homicidio el 13 de diciembre de 1828, en la localidad bonaerense de Navarro, hay que remontarse al pensamiento iniciado en la Revolución de Mayo de 1810. Volver a Dorrego es retomar el camino de la resignificación del pasado para construir el futuro. Porque su muerte, fue el intento de frenar el crecimiento del trabajo, el de las...

Manuel Dorrego y el voto popular

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(Télam, por Pacho O`Donnell).- En estos tiempos electoralistas es bueno recordar a alguien que, ¡un siglo antes de la Ley Sáenz Peña!, insistía en que los sectores populares, a través del voto, debían intervenir en los asuntos públicos de nuestra Patria recién nacida. Manuel Dorrego fue el primer jefe popular urbano, así como Artigas lo fue de la campaña. Los orilleros, los negros, lo reconocían como quien representaba sus intereses en el Buenos Aires oligárquico y liberal. No fue entonces casual que hiciera su aparición en nuestra historia una palabra que cobraría especial significación a mediados del siglo XX: en sus apasionantes “Memorias” el general Iriarte cuenta que cierto día, acompañado por Carlos de Alvear, se cruzaron con Dorrego en una de las calles céntricas de Buenos Aires. “-Caballeros -les dijo el jefe federal-, les aconsejo que no se acerquen mucho... -Como quien no quiere contaminar”. Don Manuel vestía un traje ostensiblemente desaliñado y su apariencia era desprol...

De Lord Ponsomby a la tarifa parabólica

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Lord Ponsomby, embajador británico en  Río de Janeiro y principal antagonista de Dorrego durante el breve paso de éste por el gobierno de la provincia de Buenos Aires. (Télam, por Juan Carlos Jara *).- El grupo unitario rivadaviano, ligado desde siempre a la política británica en el Río de la Plata, fue el instigador principal del fusilamiento de Dorrego. Basta con leer las cartas que Juan Cruz Varela y Salvador María del Carril dirigieran a esa “espada sin cabeza” que fue el general Lavalle para comprobar el fino trabajo de incitación al magnicidio que llevaron a cabo y que culminó, aquel aciago 13 de diciembre de 1828, con la ejecución del primer “coronel del pueblo” en los campos de Navarro. Demostrada incuestionablemente la coparticipación criminal de la secta liderada por don Bernardino, tampoco se puede dudar de que detrás de ella asomaba la garra imperial del Foreign Office, encarnado en este caso en la figura de Lord Ponsomby, embajador británico en Río de Janeiro y ...

Cartas encontradas

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Carta de Manuel Dorrego a su esposa. (Télam, por Marcelo Bellotta*).- “Mi querida Angelita: en este momento me intiman que dentro de una hora debo morir; ignoro por qué, más la Providencia Divina, en la cual confío, así lo ha querido. Perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso en desagravio de lo recibido por mí. Mi vida, educa a esas amables criaturas; sé feliz, ya que no lo has podido ser en compañía del desgraciado Manuel Dorrego”. De este modo, el Coronel Dorrego se despidió de su esposa horas antes de ser ejecutado. Además de hacerle otras indicaciones para tener en cuenta luego de su muerte. “Mi vida: Mándame a hacer funerales, y que sean sin fausto. Otra prueba de que muero en la religión de mis padres, tu Manuel”. Y añade: "Todos los documentos de minas en compañía de Lecoc están en la cómoda vieja; que Lecoc sea dueño de todas y dé a mi familia lo que tuviese a bien. Que Fortunato te entregue lo que a conciencia crea tener mío. Calculo que A...

Un instituto para revisar la historia causó la furia de los "democratas" del pensamiento único

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Juan Manuel de Rosas Justo José de Urquiza (Télam, por Fernando Del Corro).- Allá a comienzos de nuestro calendario Roma era gobernada por alguien que decidió primero convertirse en emperador y luego endiosarse. Se llamaba al nacer el 23 de septiembre del 63 Antes de Nuestra Era (ANE) Cayo Octaviano Turino, nombre que cambió por el de Cayo Julio César Octaviano en el 44 ANE al ser adoptado, post mortem, por su tío abuelo, Cayo Julio César, según éste dejara establecido en su testamento. Pero el 16 de enero del 27 ANE, previo un acuerdo senatorial, pasó a denominarse Cayo Julio César Augusto (el ilustre) con el título de princeps (el primero), a lo cual se auto añadió el de Imperator (comandante). Como tal falleció el 19 de agosto del año 14, ya de nuestra era, oportunidad en la que fue deificado por el Senado. Culto que se mantuvo vigente hasta la imposición absoluta del cristianismo por Teodosio en el Siglo IV. María Sáenz Quesada, una historiadora sistémica a pesar de que ...
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